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Tratamientos para el coronavirus: Esto es lo que sabemos hasta el momento

Si bien gran parte del mundo se centra en una vacuna contra la COVID-19, los científicos también están ocupados estudiando y desarrollando posibles tratamientos. El enfoque de dos vertientes ha permitido comprender mejor lo que funciona y lo que no, y por qué los síntomas difieren tanto de una persona a otra.

“Cuando comenzamos [a tratar el virus], realmente no había nada y lo que sabíamos provenía de China”, recuerda Dushyantha T. Jayaweera, M.D., especialista en enfermedades infecciosas de University of Miami Health System. “No se había comprobado nada y estábamos probando muchas cosas diferentes. Fue algo así como atacar con todo lo que teníamos a mano”.

Sin embargo, la medicina ha recorrido un largo camino desde la primavera.

Ahora tenemos un medicamento antiviral que ayuda a los pacientes más graves. Los médicos de la unidad de cuidados intensivos (UCI) utilizan la experiencia pasada y los tratamientos probados para otras infecciones pulmonares graves para tratar a las personas con dificultad respiratoria aguda, uno de los desenlaces indicativos (y fatales) de la COVID-19. También se están llevando a cabo cientos de ensayos clínicos en todo el país.

“Hemos llegado más lejos de lo que la mayoría hubiera esperado”, afirma Hayley Beth Gershengorn, M.D., neumóloga y especialista en cuidados intensivos de University of Miami Health System. “Una de las cosas clave es que hemos cambiado para mejor. Hemos pasado de intentar con todo lo que teníamos a enfocarnos en estudiar y poder respaldar nuestras decisiones en la medicina basada en la evidencia”.

No existe cura para la COVID-19, y algunos son escépticos de que alguna vez vaya a existir una fórmula mágica.

Esto es culpa de la naturaleza de los virus. Incluso para las enfermedades virales que han afectado a los seres humanos durante siglos, no existen curas milagrosas en la línea de los antibióticos. Los antivirales que hay en el mercado solo funcionan hasta cierto punto. Tenemos, por ejemplo, el Tamiflu. No destruye el virus de la gripe, pero acorta la duración de la enfermedad. También tenemos el tratamiento de la hepatitis C y el VIH, el cual requiere una combinación de dos o tres medicamentos para contrarrestar la forma en que mutan los virus.

Dicho esto, los tratamientos son esenciales, incluso si se comercializa una vacuna.

Hasta ahora, la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) de los EE. UU. no ha autorizado ningún tratamiento, pero se ha concedido autorización de emergencia a dos ejemplos muy publicitados: el remdesivir y el plasma de convaleciente. Los médicos también están utilizando tratamientos comprobados que han funcionado en los pacientes de la UCI, en particular en aquellos con neumonía grave.

Desafortunadamente, “no tenemos nada para dar en la etapa inicial de la infección”, advierte el Dr. Jayaweera, “y lo que tenemos ayuda solo a algunos grupos de pacientes. Todavía quedan muchas preguntas sin responder. Es por eso que la investigación y el estudio sistemático de la enfermedad, como los ensayos clínicos aleatorizados, son tan importantes”.

La buena noticia es que actualmente se están realizando estudios detallados. Los científicos están investigando fármacos conocidos y nuevos que podrían disminuir la gravedad de la COVID-19 al hacer una de dos cosas: tratar los síntomas o atacar el virus. Los que actúan dentro de la última categoría impiden que el virus ingrese a las células humanas o evitan que se multiplique.

“Creo que lo que podemos ver en el futuro es una combinación [de medicamentos]”, afirma el Dr. Gershengorn. “Lo que ha tenido más éxito con otras infecciones virales es mitigar el daño y tratar los síntomas mientras el virus sigue su curso”.

Según los médicos-científicos, algunos tratamientos para la COVID-19 existentes parecen funcionar en algunos pacientes:

REMDESIVIR

Este fármaco antiviral sigue utilizándose en ensayos experimentales en todo el mundo. Actúa sobre la proteína viral que copia el ARN de la COVID-19 y se usa solo en pacientes con los síntomas más graves. Originalmente desarrollado para tratar la hepatitis C, se probó tanto contra el virus del Ébola como contra el virus de Marburgo, pero finalmente resultó ser ineficaz. En la COVID-19, parece acortar los tiempos de recuperación.

PLASMA DE CONVALECIENTE

Las infusiones de plasma sanguíneo de personas que se han recuperado parecen ser eficaces al momento de ayudar a los pacientes muy graves a combatir el nuevo coronavirus. El plasma es rico en anticuerpos, o inmunoglobulinas. Un estudio nacional de 35,000 pacientes hospitalizados con COVID-19 determinó que mejoraba la mortalidad en los casos más graves si se administraba a los pocos días del diagnóstico. Sin embargo, el estudio no contó con un grupo de placebo, lo que significa que no está claro qué tan valiosos podrían ser los datos.

Bajo la presión del presidente Trump, la FDA autorizó el uso de emergencia del plasma de convaleciente a fines de agosto, y los ensayos clínicos aún continúan. Al ser un tratamiento de referencia que se usó durante la pandemia de gripe española de 1918, las transfusiones de plasma de convaleciente han existido durante más de un siglo. Más recientemente, los médicos lo usaron para tratar a pacientes que contrajeron Ébola, síndrome respiratorio agudo grave y gripe H1N1. Sin embargo, es fundamental hacer un ensayo clínico aleatorizado para ver si funciona para el tratamiento de la COVID-19.

DECÚBITO PRONO

Los médicos están recurriendo menos a los respiradores y más a la posición en decúbito prono, la práctica de acostar al paciente boca abajo. Esta simple maniobra ayuda a los pacientes a obtener más oxígeno y también puede evitar la necesidad de dispositivos para ayudar a las personas a respirar. Aunque la evidencia del decúbito prono es limitada en enfermedades menos graves, existe una fuerte evidencia de que mejora la supervivencia en pacientes que reciben asistencia mecánica respiratoria por síndrome de dificultad respiratoria aguda.

DEXAMETASONA

Como esteroide, este medicamento parece reprimir eficazmente una respuesta inmunitaria que se ha descontrolado. Los pacientes graves con COVID-19 a menudo experimentan el síndrome de liberación de citocinas, que es cuando el cuerpo ataca indiscriminadamente a células virales malas y a células sanas buenas. El daño resultante hace que se acumule líquido en los pulmones. El síndrome de liberación de citocinas también ocurre con otros virus, en enfermedades autoinmunitarias, trasplantes de médula ósea y personas con un trastorno genético. Si bien el gobierno británico autorizó de inmediato el uso de la dexametasona en pacientes con COVID-19 graves, la FDA no ha emitido una aprobación similar en los Estados Unidos. Sin embargo, es parte de las normas de tratamiento de los EE. UU. para pacientes que usan respiradores o que necesitan otro tipo de soporte de oxígeno.

Más allá del uso de esteroides para controlar este síndrome, los investigadores están analizando diferentes inmunosupresores que ya están en el mercado para tratar la artritis reumatoidea y las enfermedades de la médula ósea. Sin embargo, este tipo de tratamiento es complicado porque el paciente aún necesita un sistema inmunitario activo para deshacerse del virus.

FILTRO DE SANGRE

La FDA autorizó el uso de emergencia de un dispositivo que también parece controlar el síndrome de liberación de citocinas. Este filtro de sangre sirve como un tamiz para filtrar el exceso de citocinas de la sangre, prácticamente de la misma manera que la diálisis elimina las toxinas. Luego, la sangre purificada se bombea nuevamente hacia el cuerpo. Si bien esta filtración, llamada CytoSorb, pareció funcionar en un pequeño grupo de pacientes en China y Europa, los investigadores no han realizado ningún ensayo clínico aleatorizado con placebo para demostrar su eficacia. Además, a los médicos les preocupa que también pueda filtrar las partes buenas de la sangre, incluidas las vitaminas y los minerales.

ANTICOAGULANTES

Además del daño pulmonar, los pacientes con coronavirus sufren una peligrosa coagulación sanguínea en los órganos principales. Los médicos han informado un aumento de accidentes cerebrovasculares en adultos menores de 50 años, pacientes que en general estaban sanos pero que habían contraído COVID-19, algunos con síntomas leves o sin síntomas. Para prevenir problemas potenciales causados por los coágulos, los médicos a menudo administran a los pacientes con COVID-19 un tratamiento anticoagulante, que incluye medicamentos de este tipo. Sin embargo, ningún estudio aleatorizado ha demostrado la eficacia.

Si bien existen muchos otros medicamentos y tratamientos, desde nuevos antivirales y células madre hasta anticuerpos sintéticos, los médicos moderan su entusiasmo.  Insisten en los hechos, y esperan que los ensayos clínicos demuestren que un tratamiento funciona.

“Cuando decimos que algo es prometedor, nos estamos refiriendo a nuestra experiencia en ese momento”, afirma el Dr. Jayaweera. “Pero, a menos que se base en evidencia, son solo nuestras observaciones. ¿Cuántas de las cosas que estamos intentando ahora podrían no funcionar más adelante?”


Ana Veciana-Suárez, columnista invitada

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Ana es una colaboradora habitual de University of Miami Health System. Es una autora y periodista reconocida que trabajó en The Miami Herald, The Miami News y The Palm Beach Post. Visite su sitio web en anavecianasuarez.com o sígala en Twitter a través de @AnaVeciana.


 

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